Que desagradable es cuando en algún momento de la vida te
topas con personas que creen saber todo
y peor aún, opinan y creen que su opinión es necesaria en todo momento.
Yo desafortunadamente tuve la oportunidad de conocer a
cierto imbécil que sin duda alguna me fastidiaba cada vez que por alguna razón
debíamos compartir el mismo espacio.
Suelo respetar las opiniones contrarias a las mías, no
obstante esta persona creía tener la verdad acabada de todo, entonces, nunca
pretendí entrar en debates con este idiota, ni si quiera le tomaba en cuenta. Las
cosas comenzaron a empeorar cuando descubrí que este individuo, con
independencia de creer que sus aportaciones eran necesarias en cualquier
momento, también tenía la mala costumbre de interrumpir pláticas, lucirse
cuando se encontraban mujeres con nosotros y tratar de poner en ridículo a los
que le rodeaban.
Algo que debo enfatizar es que al menos yo, en mi sano
juicio, nunca buscaría conocer por voluntad propia a personas como esta, pero
las circunstancias hicieron que este sujeto conociera al que en su momento era mi
amigo y así fue como conocí al idiota en cuestión.
No podría especificar cuanto tiempo duró el martirio de
tratar a esta indeseable persona, lo cierto es que cada vez su relación con mi
amigo parecía consolidarse, a nivel personal no me interesaba, pero a nivel
profesional, tenía negocios con mi ex socio, mismos en los que poco a poco fue
incluyendo al estúpido sabelotodo.
Ciertamente las cosas no pintaban bien, los negocios con el
que hasta ese entonces era mi amigo, comenzaron a hacerse nulos, él notaba que
no me caía bien su nuevo lame botas, máxime cuando enloquecía y al calor de las
copas buscaba ridiculizarme al tratar de demostrar que él era quién podía
conquistar más mujeres, que él tenía más resistencia en las borracheras, en
fin, su paradigma era yo y su necesidad de demostrar que él era mejor se hacía
más y más grande. Y por su puesto como le sucede a la mayoría de los
fanfarrones, sus intentos terminaban en ridículos que deleitaban al público,
(pobre pendejo).
En fin, en una de muchas borracheras, aquel insignificante
ser evidenció su estado más que inconveniente y pretendía golpearme y "darme una
lección"; como anteriormente lo mencioné su resistencia al ingerir alcohol era ínfima
comparada con la mía, debo confesar que tenía ganas de responder la agresión,
pero evidentemente esta era una pelea desigual. Aquél día sólo le comente a mi
ex amigo y socio que definitivamente tenía que hablar con su "perro faldero", pues
no habría una próxima vez y que entonces mis puños hablarían por mí.
La conclusión de esta historia no sorprendería a nadie, pues
el sabelotodo jamás volvió si quiera a acercarse a este servidor, creo que mis
amenazas retumbaron también en la mente de mi ex colega (lo cual no era mi
intención) pues incluso él se alejó, no volvió a hablar conmigo de negocios, la
amistad se fracturó, y optó por hacer a un lado poco más de 5 años de amistad.
La existencia de este triste "opinador compulsivo" puso a prueba una
amistad que según mis cálculos era inquebrantable, no obstante todo fue al revés,
al final, las dos grandes lecciones de esta historia son: saber que más vale
estar solo que mal acompañado y que la amistad más sincera no proviene de un
ser humano, sino de un fiel can.
Sirva esta historia para citar a uno de mis ídolos que es el
gran Federico Nietzsche, que muy a propósito de lo que narré, este gran
filósofo mencionó:
“¡Oh pobres parias que habitáis las grandes ciudades de la política
mundana, jóvenes inteligentes martirizados por la vanidad, que consideráis como
un deber el dar vuestra opinión sobre todos los acontecimientos!
Cuando habéis levantado polvo y ruido de esta manera, os creéis la
carroza de la historia”.
Por esta ocasión es todo, la próxima vez trataré de dar
contestación a un mensaje directo que me envió la que al parecer es mi única
lectora preguntando: ¿cuál era la razón de mi seudónimo en Tweeter? y ¿ Qué significado tiene en nombre que
identifica mi blog?
@Doctor_Dark
01/03/2015