viernes, 24 de abril de 2015

Que hubiera pasado si… (4ª y última parte).

Al día siguiente, es decir domingo 11 de diciembre, llamé una vez más a casa de Azael, esta vez me contestó otro de sus muchos hermanos, solo que a este hermano yo le hablaba un poco mejor que al que me negó a Azael el día anterior; le hice saber que Bella era mi mejor amiga, y que Azael no tenía más derecho que yo por ser el novio de Bella, y que de no haber sido por mi intervención, Azael no hubiese conocido a Bella, creo que el muchacho escucho mi desesperación, le dije que sentía la imperiosa necesidad de darle el último adiós a mi amiga. Así es como el hermano de Azael, se compadeció y me comentó que a Bella la trasladarían a Puebla, ese día, que no sabía a qué hora (tal vez si lo sabía, lo cierto es que se llevaron a Bella ese domingo muy temprano) ello tal vez lo animo a contar lo que ya sabía, y otra vez, no pude hacer más. Por último y de manera casi infantil, el hermano de Azael me pidió que por favor no le comentara a su hermano, absolutamente nada de lo que habíamos platicado, le di mi palabra que eso no iba a suceder y terminamos la conversación.

Sinceramente seguía desconcertado con la actitud de mi amigo, a la vez seguía pensando acerca de mi proceder; tendría que esperar al menos un día más, no sabía cuándo regresaría Azael, fue entonces que decidí ir a su casa el día martes 13 de diciembre, posiblemente lo encontraría en casa, me arriesgue y así lo hice.

Cuando llamé a la puerta, el panorama era devastador, Azael abrió, le sorprendió mi visita, me abrazó y gritó: “mi chaparra, me la mataron”, platiqué horas con él, algo de lo que me sorprendió fue cuando me dijo: “¿Sabes? Yo sé que tú, no eres religioso, pero yo creo que Dios te mando hoy conmigo, debo de confesarte que tenía pensado hacer una pendejada, estoy orillado a hacerlo, quero estar con Bella, la necesito…” La actitud que a partir de esos momentos adoptó Azael, es digna de un relato aparte, inició erigiendo un “altar” a Bella donde le colocaba algunas cosas que a ella le gustaban, algunas veces le colocaba un platón con papas fritas, otras una taza grande con café, pero como mencioné, esas actitudes tan extrañas las describiré en otra ocasión.     

Aquél día y luego de una larguísima plática, Azael lucía un poco más tranquilo, me dijo que se tenía que preparar, que iría a casa de Bella a los rosarios, me preguntó si lo acompañaba y por supuesto que accedí (lo mencioné anteriormente, detesto este tipo de rituales, pero esta vez se trataba de mi amiga, sentía la necesidad de ir).
Cuando arribamos a casa de la familia de Bella, los rezos habían iniciado, era sorprendente la cantidad de personas que estaban en el lugar, al término del evento, fuimos donde estaba la mamá de Bella, me miró y con gesto duro y triste a la vez, mencionó: “pensé que no ibas a venir”, le contesté muy conmovido: “discúlpeme por no haber estado antes aquí, pero más vale tarde que nunca, usted sabe cuánto quería a Bella”.

Esa sensación de estar en la casa que hasta hace algunas horas habitaba Bella, es indescriptible, lograba sentir su presencia, eso hacía que el sentimiento de añoranza creciera, quería llorar, pero no pude, recordaba la última vez que la ví, platicamos poco, pero siempre con el mismo gusto que nos daba vernos, me sentía culpable y como relámpago vino el pensamiento del gran dolor que sentía y me traslade a lo que pudiese sentir Azael en ese momento, me sentí mal por mi amigo, se veía devastado y para ser sincero se encontraba peor de lo que aparentaba, la culpa y el remordimiento lo comían, desde que se enteró de la muerte de Bella, al día de hoy me atrevo a aseverar.

Seguí acompañando a Azael, a los rezos durante los días restantes hasta que se cumplieron los famosos “nueve días”. La tranquilidad y la resignación calmaron mi interior, era eso por lo que necesitaba estar cerca de aquello que en vida rodeó a Bella, su familia, su casa, eso me ayudó mucho, veía el efecto contrario en Azael, no quería comer y repentinamente externaba sus deseos de morir, para poder reunirse con Bella.

Al cumplirse los nueve días de la muerte de Bella, fuimos a Puebla y allí tuve la oportunidad de disculparme con mi amiga, con un nudo en la garganta e hincado ante su tumba, le hice saber el pesar que albergaba en mi ser por su partida, que sentía enojo, frustración y una tristeza muy profunda por todo eso que se pudo hacer en su momento, pero que desgraciadamente no se hizo.

Que destino tan cruel el de Bella al irse así, peor aún, al recordar el hecho de que tuve la oportunidad de cambiar su destino y esa oportunidad se me escapó de entre las manos. Sin duda, aquél viernes afuera de los juzgados cuando Azael hablaba con Bella, y se negaba ir por esta, fue un parteaguas en la vida de Azael, en principio por que él se sentía directamente responsable por la partida de Bella y posteriormente, porque inició con una adoración exagerada a Bella, creo que ese amor que hoy le profesaba a una foto gigante de mi amiga, hubiese sido mejor que se lo brindara cuando ella aún vivía.

Aquellos días que pasé con Azael posteriores a la muerte de Bella, me hicieron pensar que le ayudarían y que a la vez, se fortalecería nuestra amistad, nada de eso ocurrió, al contrario, analizaba como desde el primer momento en el que Azael tuvo relación con Bella, yo aparecía en esos momentos: el día en el que ella falleció allí estaba yo pidiéndole a mi amigo que fuéramos por su novia, en casa de Bella al recordarla, sus sobrinos y cuñadas, no sólo hacían referencia a Azael, pues desde un principio, Bella les platicaba, también de “un amigo” que los presentó e hizo posible que ella conociera a Azael, claro se refería a mí. Todos esos recuerdos asaltaban a Azael y poco a poco notaba su enojo por ello, después de los nueve días y de nuestra visita a Puebla, tratamos de retomar nuestro trabajo, Azael estaba muy ausente y eso sin duda no favorecía en nada, no lo presioné y decidí trabajar por dos, me preocupaba mucho mi amigo, comenzó a fumar el doble de lo que acostumbraba, y su pérdida de peso se hizo más que evidente.

Azael trabajaba conmigo, pero también, cuando las cosas en nuestra sociedad no iban bien, él  trabajaba con George, así tendría ingresos monetarios por ambos lados, noté que pasaba más tiempo con los pasantes de George, que por lo tanto también estaban a la orden de Azael, ya los mencioné, eran Reptilio y Mandrilio.

En principio creía, era buena idea que Azael se mantuviera ocupado, era necesario, estaba muy vulnerable, pero sin duda como mencioné, los recuerdos en los que no podía excluir mi persona,  y ahora la entrada en escena de Reptilio y Mandrilio brindando su apoyo al que hasta ese entonces era mi amigo; dieron pie a una eventual ruptura, no sólo a nivel personal, también a nivel profesional, gran parte de lo que pasó lo describí en otro relato cuando hablé de la “Fragilidad de la Amistad”, allí aunque sin mencionar sus nombres me refería a Azael a Reptilio y Mandrilio.

Mi teoría, poco a poco se iba revelando como cierta, algunos meses después de la partida de Bella, veía con agrado una mejoría en el ánimo de Azael, y en esa ocasión Reptilio me pregunto que si yo conocí a la novia de este, sólo le contesté que sí y que era mi amiga, entonces Reptilio abunda: “¿Recuerdas el día de la fiesta del sindicato? Contesté afirmativamente, inmediatamente Reptilio añade: “La madrugada del sábado después de la fiesta ¿recuerdas que fuimos a Neza?, pues Azael nos contó que a su novia la mataron a unas cuantas cuadras de donde nosotros estábamos ese día, ¿tu recuerdas haber visto algo extraño? Me quedé petrificado, casi no me importó el hecho de que Azael no compartiera ese dato conmigo, lo que me puso así fue que si recordaba el paso de unas patrullas y ambulancias cuando Reptilio se puso de necio afuera del bar, fue minutos después de que mataran a Bella.

Vino a mi ese recuerdo con la velocidad de una bala, incluso sentí ese escalofrío, era una señal, esas ambulancias acudían en auxilio de mi amiga, estábamos muy cerca y a la vez tan lejanos, que impresión tan grande me llevé con la revelación de Reptilio y además, sin duda alguna estaba en lo cierto, Azael ponía distancia de por medio, le incomodaba mi presencia, la amistad, aginizaba.

En los últimos días he recordado mucho a mi amiga, según se dice “el destino lo tenemos en nuestras propias manos”, estuve alguna vez de acuerdo con esa idea, no obstante al partir Bella, me di cuenta que eso es completamente falso, el destino de mi amiga estaba escrito, la posibilidad de salvarle la vida se me escapó de las manos, esa misma posibilidad se encontraba en manos de Azael aunque contrario a mí el simplemente no quiso tomarla. Sé muy bien que hay personas que pueden estar en desacuerdo, pero lo que yo viví es la mejor prueba de que el destino es inmutable, como sea, Bella se fue y con ella una parte de mi corazón y por qué no decirlo, una parte de mi alegría.

Es por ello que odio el “hubiera”, porque no existe, porque nos invita a fantasear: que hubiera pasado si Azael accediera a hacerme caso para ir por Bella…

Que hubiera pasado si me aferro y obligo a Azael a ir por Bella, ¡qué más da! como dije son sólo suposiciones estúpidas y fantasiosas, el maldito destino ya está escrito y ¡ni el “hubiera” ni soñar, le devolverá la vida a Bella!

La resignación me ha llegado a cuentagotas, trato de vivir y recordarla como ella era, alegre, un encanto de mujer, espero poder verte en otro tiempo “flaquita” te extraño un chingo y sé  que lo sabes.   


@Doctor_Dark  
24/04/2015

domingo, 12 de abril de 2015

Que hubiera pasado si… (3ª parte).

Bien, al llevar a esta mujer a su casa, me comentó que la esperara afuera, pues tenía que cerciorarse que no hubiese nadie, pasaron 10 0 15 minutos, de pronto salió un individuo y me llamó, al acercarme mencionó que era el hermano de la mujer que esperaba y que me agradecía el detalle de llevar a su hermana a casa, que ella estaba muy ebria y que se había ido a dormir.

¡¡Maldita vieja, grandísima hija de puta!! No lucía tan inteligente, pero si en verdad planeó todo aquello me dejó como un verdadero idiota, en fin, ya me sentía bastante cansado, desvelado, un poco ebrio y peor aún, con un maldito dolor de huevos insoportable, enseguida emprendí el camino de regreso a casa.

Abatido y cansado, llegué a mi hogar, eran las 11 de la mañana, de aquél fatídico sábado 10 de diciembre de 2011, la fiesta del día anterior lucía tan lejana para mí, completamente desvelado y exhausto llegué a mi cama y dormí profundamente.

Luego de unas horas desperté, alrededor de las 4 de la tarde, ya me sentía mejor, solo me faltaba comer y bañarme, era imperativo. Me preparaba para asistir a casa de un buen amigo, ese día se llevaría a cabo algo que llaman “levantamiento de cruz”, era el día nueve desde la muerte del padre de mi amigo, yo no acostumbro acudir a esos ritos, simplemente lo hice por solidaridad con este buen amigo y su familia,

Seguía en mi casa, el reloj marcaba las 7:00 pm, en ese momento sonó mi teléfono celular, contesté, era George, el jefe de Azael, me pregunto cómo estaba; le contesté que bien, aunque un poco cansado, la fiesta que agarramos desde el viernes estuvo masiva, mientras yo hablaba se coló a la sala uno de esos insectos voladores que les llaman “ratones viejos”, parecen mariposas, pero al derribarlas sueltan un polvo que según se cree es peligroso, fue una escena extraña, pero inmediatamente tendría sentido.

George continuó: “Me habló Azael; mataron a Bella”. Guardé silencio, no podía hablar, cuando al fin pude hacerlo le dije: “No mame licenciado, no juegue con eso, es muy grave, ¿es broma verdad?”. Y contesta: “No, no es broma, hace unas horas me habló Azael, como a las 4 de la tarde, solo me dijo que ocurrió la madrugada de hoy, Bella iba abordo de la camioneta de su mamá, con tres de sus hermanos y un amigo de estos; salían de un antro, un carro los perseguía, les dio alcance, y enseguida rafaguearon la camioneta, Bella iba adelante recibió un tiro en la cabeza y uno de sus hermanos que dormía en la parte atrás también lo mataron de un balazo en la cabeza, los demás lograron salvarse”.

No tenía palabras, miré que el insecto que minutos antes entró a la sala se había ido (como si únicamente hubiese anunciado la desgracia para después irse), George comentó: “¿estás ahí?” “Si” le contesté y añade: “Pensé que estabas enterado, ¿A caso no te habló Azael?” Con cierto aire de decepción le contesto: “No, no he hablado con él desde ayer que salimos de la fiesta”. George añade: “Quiero ir al velorio de Bella, no sé cómo llegar a su casa”. Le contesto: “Yo tampoco sé cómo llegar a su casa, a pesar de haber ido un par de veces”.

George propone: “Márcale a Azael y pídele la dirección de la casa de Bella, sé que vive en Chimalhuacán, pero no sé exactamente donde se ubica su casa”.  “Lo mismo me sucede, pero no hay problema, enseguida le marco a Azael, debo ir a la casa de Bella, necesito ir, en unos momentos más le devuelvo la llamada licenciado”. Le contesté, finalice la llamada, e inmediatamente marcaba al móvil de Azael, (tono de llamada) y no contestaba, una, dos, cuatro, siete, diez veces, no hay respuesta. ¡Puta madre Azael contesta! (gritaba). Recordé que tenía el número telefónico de su casa, llamé, contestó uno de los hermanos de Azael, me dijo que este no se encontraba en casa, y con un tono cortante me propuso que le marcara al celular, le dije que ya lo había hecho y sólo reparó en decir que él no sabía dónde estaba Azael.

Estaba más que claro, Azael dio instrucciones para que dijeran eso a todos aquellos que hablaran a su casa, yo pensaba que esa decisión era injusta, ella era mi amiga, debía despedirme, lo necesitaba, para entonces tenía la garganta seca, la frustración se apoderó de mí, a punto del llanto llamé al celular de George y le comenté lo sucedido y mencionó: “Que poca madre cabrón, a mí me hizo lo mismo, ese pinche Azael no me contesta, es un egoísta ese buey, ni modo a ver qué pasa en los próximos días”.  “De acuerdo licenciado” le contesté. Antes de colgar, George se despidió: “Cuídate mucho, nos vemos”.

En cuanto terminé la llamada, subí a mi recámara, me senté en la cama y comencé a llorar, seguía con la garganta seca y comenzaron a inundar mi mente los recuerdos; Bella y todas las ocasiones en las que convivimos, no lo creía, mis lágrimas caían al suelo, momentos después el piso lucía muy mojado, pensaba “¿por qué tú flaquita?” Golpee mi ropero “puta madre” grité con enojo, por un largo tiempo estaba embebido de furia, cuando me volví en mí, pensaba: “¿por qué no insistí un poco más?, ¿por qué doble las manos?, lo hubiera obligado ir por ella”.

Me lastimaba el corazón, era un dolor tan profundo aquel, me corroía el alma: “Bella, Bella, flaquita, ¿por qué flaquita?”. Los gritos, los golpes y mi furia desatada hicieron que intempestivamente me tranquilizara.

Eran las 7:50 pm, recordé que tenía que ir a casa de mi amigo,  y una necesidad imperiosa me invadió, aire, necesitaba salir, sentía que me sofocaba, caminé rápido a 300 0 400 metros de la casa de mi amigo, comencé a correr, iracundo, apretaba los dientes, escuchaba mi respiración agitada y violenta, el camino era oscuro, un camellón lleno de árboles le daba a la calle un aspecto tétrico, mientras corría recordé que ya había visto todo eso; recordaba mi respiración, la fuerza empleada para correr, en seguida me vino a la mente un sueño que tuve semanas atrás, ahora esa escena tenía sentido, es lo que muchas personas llaman un “deja vu” o un sueño premonitorio. Esa rabia, el dolor y toda esa desesperación era por la partida de Bella, ahora lo entendía, ahora todo tenía sentido…   

  @Doctor_Dark 
12/04/2015

jueves, 2 de abril de 2015

Que hubiera pasado si… (2ª parte).

En ese momento me sentí frustrado, en verdad quería verla, tomarme unas copas con ella, bailar, convivir, pues teníamos algunos meses sin vernos.

Ya en la fiesta, noté disgustado a Azael, bebió poco, (raro en él) no bailó y estuvo con cara larga casi toda la noche, aquélla noche y contrario a los años anteriores, salimos casi a la media noche, previamente Azael me ofreció su casa para quedare a dormir, yo sabía que necesitaba hablar, pero la verdad era que no entendía su actitud, era evidente que extrañaba a Bella, pues incluso yo sentía lo mismo.

Hasta antes de terminar la fiesta ese era el plan, nos iríamos a su casa, platicaríamos lo sucedido y como era su costumbre, comenzaría a quejarse de los malos hábitos de Bella, como sus celos o su impuntualidad, como dije, ese era el plan. Yo bebí demasiado como es mi costumbre, bailé, traté de hacer lo que se hace en una fiesta, divertirme, y vaya que lo logré.

Reptilio invitó a una de sus amigas de la universidad, con la cual bailé casi toda la noche, notaba cierto interés de esta mujer, y antes de que terminara el festejo, Reptilio me dijo que su amiga le había pedido que me llevara con ellos a seguir festejando, éste me decía “anímate, le gustas a mi amiga”. Yo me sentía bastante animado, tenía necesidad de seguir la fiesta, miré a Azael y seguía como zombi, con la mirada perdida y con cara de pocos amigos, sin duda le urgía llegar a su casa para “hablar” largo y tendido por teléfono con Bella sobre la discusión de la tarde.

Mientras yo, no tenía ganas de arruinarle a mi amigo la discusión telefónica con Bella, aunado a que no pretendía dejarme contagiar por su amargura, decidí aceptar la invitación de Reptilio e ir a seguir la fiesta a otro lugar.

Fuimos a los territorios de Reptilio, Neza; el lugar o la dirección exactas no lo supe, lo que me importaba era seguir la fiesta, la hora de llegada tampoco la sé, lo que recuerdo es que era un bar, parecía una bodega antigua, muy grande, lleno a tope, tocaban rock en vivo, no estaba tan mal.

Las horas transcurrieron entre más alcohol y música, en palabras de la amiga de Reptilio iríamos a la casa de éste allí haríamos travesuras ella y yo, y es que debo aclarar que si fuimos hasta ese lugar fue porque Reptilio ofreció su casa para darnos alojamiento por esa noche, o madrugada como era el caso.

Lo que parecía un plan sin fallas se complicaba ya que cuando salimos del bar, aproximadamente a las 4:30 de la mañana, noté extraño a Reptilio, con independencia de que ya estaba bastante ebrio, entonces comenzó con las necedades que no todos los borrachos hacemos.

Reptilio inició preguntando a su amiga por el lugar donde iríamos enseguida, ella contestó que a su casa, es decir a la de Reptilio, entonces este último contesta que mejor fuéramos a un hotel, siguió preguntando si no se le antojaba tener sexo con él y conmigo, ella se negó y refutó que no era necesario ya que él nos ofreció pasar la noche en su casa tanto a ella como a mí. Así fue como Reptilio se alejaba del lugar donde yo me encontraba y su amiga le seguía el paso.

Ya habían pasado algunos minutos desde que salimos del bar, fue en ese preciso momento, cuando pasaban frente a nosotros un convoy de patrullas de policía y alrededor de tres ambulancias que iban exageradamente rápido, el ruido característico de las sirenas me estremeció, sentí como se me crispaban los vellos corporales, de pronto esa sensación me hizo extrañar los rumbos que frecuento y sentir lo lejos que me encontraba de casa. Harto de su estúpida discusión le dije a la amiga de Reptilio que lo dejáramos, pues detesto a los idiotas que no saben tomar y peor cuando son “mala copa”, ella contestó que Reptilio estaba muy ebrio y que no era correcto abandonarlo ahí, que él era su amigo, entonces ella cambió los planes y me dijo que si la acompañaba a dejar a Reptilio, ella me invitaría a casa de sus padres, pues ellos no se encontraban en la ciudad.

Ya con esa tentadora propuesta accedí a sus deseos y llevar al hijo de mil putas del tal Reptilio a su casa, al llegar al lugar me sorprendí, pues si el rumbo del bar al que fuimos me parecía horrible, el barrio de Reptilio era asqueroso, esa madrugada tan prometedora parecía nublarse a cada momento, me sentía intranquilo en ese maldito lugar, parecía la escenografía de una película de guerra.

¡Mierda! Me lamentaba con furia para mis adentros, pensaba, lo de menos era encontrar algún loco que nos quisiera robar lo poco que teníamos, o peor aún que atentaran contra la dama, y extrañamente como lo expresé anteriormente eso era lo de menos, vino a mi mente el hecho de que alguien nos matara, pues ese lugar era el propicio para ello, oscuro solitario, ¡mierda! Dije una vez más, sin duda no temo morir, pero morir en un sitio tan asqueroso como este, ¡nunca! Ni hablar me encontraba en alerta máxima, con la adrenalina a tope, tanto que ya ni recordaba en que momento lo ebrio se me había bajado.

Reptilio se despedía una y otra vez de su amiga, el muy idiota insistía en convencerla de tener sexo con él, hasta se atrevió a proponerle que me abandonara allí, que solo le daría asilo a ella, su amiga con mucha sutileza lo mandó a la mierda, que patético lucía el pendejo. Justo al partir la amiga y yo, Reptilio me miraba con rencor, sin duda me retiraba como el vencedor y me llevaba a la dama, él sabía que la llevaría a la cama cuanto antes y no precisamente a dormir. Destilaba envidia y mucho coraje, pero ni modo el ganador era uno y no era él precisamente.

Eran las 5:30 de la mañana, luego de una breve caminata y una larga espera para encontrar un maldito taxi llegamos al metro Pantitlán, le sugerí a mi nueva conquista un hotel en el otro extremo de esa línea, en Tacubaya, no tenía tanto dinero, pero según mis cálculos, para ese hotel y para condones sí me alcanzaba.

De la manera en la que una mujer sabe convencer  un hombre ella me dijo que prefería su casa, que me la pasaría bien e incluso me permitiría estar todo el día con ella, mientras que yo pensaba: “pinche vieja está loca, tú coges y te vas”, de ninguna manera pretendía quedarme con esa mujer todo el día, además, le tenía que cobrar el favor que le hice al no abandonar al estúpido de Reptilio, ella estaba en deuda debía pagarme, debo aclarar que Reptilio era amigo de esa mujer, no mío, para mí, sólo era un compañero de parranda, al cual nunca volvería a invitar ¡a ningún puto lado!... 


@Doctor_Dark
02/04/2015