martes, 8 de octubre de 2019

Para ti, sin ti.

La verdad es que desde hace varios años te volviste una obsesión para mí, muchas veces te miraba como si la oportunidad para estar al menos un momento a solas contigo jamás se presentaría, y tuvieron que pasar muchos más años para volverte a ver y esa esperanza que parecía una llama mortecina volvió a arder con ímpetu.

Estas líneas, como mis sentimientos hacia ti, no tienen orden, ni interpretación consumada, solo quiero olvidar, olvidar tu bella mirada, tu cuerpo, tu escultural figura, tus labios de un rojo tenue que enmarcan una inefable sonrisa.

Es claro, ya no soy aquel impetuoso joven universitario que solía ser cuando te miré por primera vez, ya hace varios ayeres la timidez abandonó mis actos, pero claramente también tú cambiaste, y hoy te presentas como el acertijo más complejo que alguien pueda resolver, no importa si son diez quince o veinte años, detesto esa sensación, tantos años y sigo sin descifrarte, aunado a tu carácter tan cambiante todo se resume a fingir que te conocí el fin de semana pasado.

Tengo tantas ganas de ti, me siento tan bien a tu lado, disfruto cada segundo de tu compañía, respiro el dulce aroma de tu ser, deseando convertir cada momento en una eterno nosotros, y sin embargo es la vida misma la que me aleja de ti, perdí mi última gran lucha en el amor, y las batallas subsecuentes han sido derrotas menores; a nadie le gusta perder, al menos  yo siempre juego para ganar, y después de esta etapa tan difícil te encontré.

Que ganas de contarte todas mis amargas experiencias, pero aquella guerra  al culminar, también mató algo dentro de mí. Representas una época tan bella en mi vida que me gustaría recordarla a tu lado, pero ese es precisamente mi miedo, mostrarme vulnerable ante alguien, otra vez, mostrar eso poco que aún me queda y que tal vez lo juzgues insuficiente, no me sorprendería, he vuelto con cicatrices horribles, nadie vuelve del infierno sin al menos una marca de aquel viaje maldito.

Volví más fuerte, pero cansado de tanta derrota, volví más frío, pero con el corazón incendiado, volví más osado, pero con miedo a enfrentar más desgracias, como las que golpearon mi pasado.

Te preguntarás si es miedo, con valor acepto que sí, es miedo, vaya, porque no decirlo también, a estas alturas me atrae tanto tu cuerpo como tu alma, como tus labios, tus besos, tus abrazos, quiero lo primero, quiero lo segundo, no me conformo y quiero todo en conjunto, y de pronto enfrento tu frialdad, tu lejanía y desinterés. Y vuelvo a solo desear lo primero.

¿Que soy un maldito superficial? ¿Que solo pienso en sexo? ¿Que solo pienso en aquella parte de tu cuerpo que me enloquece? ¿Que por ello soy capaz de las locuras más grandes? Sí, no lo puedo evitar y esa es una de las partes que no te puedo explicar, que tomes de mí lo que quieras y si lo deseas puedes irte y no volver nunca, y de pronto tu inexplicable interés, tus sutiles, pero significativos detalles, tu memoria selectiva, tus caricias a mi alma oscura, y vuelvo a pensar que eres la correcta, vuelvo a desear todo y no solo tu cuerpo que me enloquece.

¿Y qué putas voy a hacer mañana cuando tu cuerpo se aleje de mí sin previo aviso? ¿Cuándo el interés se esfume y vuelva al punto inicial? Ese es el miedo que infundes en mí, ese es el grito que clama por abandonar mi cuerpo y de pronto se ahoga en una esperanza efímera como el suspiro de un enamorado.

Ya bastante he sufrido y no quiero sentirme herido una vez más, tengo las cicatrices más horribles que jamás has imaginado, y sin embargo no las muestro porque lo mío no es causar lástima, jamás he rogado por piedad y nunca buscaría que me compadezcas, para mi mala fortuna es todo esto, lo que no me permite avanzar, y que me impide mirarte a los ojos y pedirte la oportunidad para entrar en tu corazón. Vaya maldito dilema en el que me ahogo.

Sí, me gustaría tomar tu mano y caminar contigo el tiempo que nos reste de vida, pero tal vez eso te asuste y no quiero que eso ocurra, pero que importa si solo me permites poseer tu esencia, tu aliento, tu suspiros agitados, tus besos apasionados, tu piel desnuda, tal vez eso logre apagar el fuego que arde dentro de mí a causa tuya, y al final pienso que eso también podría asustarte, incluso ofenderte, nada más jodido que apostar el resto que a uno le queda, aunque sea poco y que a los ojos tuyos esa totalidad represente la más asquerosa de las mezquindades.

Veo con tristeza que miras mis manos vacías, porque nada poseo que valga montones de billetes, pero sí puedo ofrecer un corazón que clama por entregar el más puro de los sentimientos.

Ella, mi compañera “más leal” ha logrado permanecer y hacerse presente a lo largo de los años y a pesar de ello es celosa y reclama mi presencia, esa dama  exigente es mi soledad y solo me ha permitido impregnar en el papel estas letras llenas de mí, no hay un receptor humano para este monólogo, es más, no creo que estas letras a ti dedicadas, indescifrable mujer lleguen a postrarse frente tus ojos, porque simplemente, es un paliativo para este sentimiento que invade mi ser y pugna por ser liberado, pero la razón, es tratar de olvidarte y olvidar aquello que en mí provocas.

Es cierto, lo repito, tu personalidad tan veleidosa me confunde, me crea esperanzas que después mueren del modo  más atroz, hoy solo deseo caminar, lejos, hacia el horizonte de la mano de mi compañera “más leal”, alejarme de tu tentador encanto, porque sé que nunca existirá un nosotros, la vida me ha enseñado a no crear apegos y la esperanza de estar cerca de ti, es un apego que pienso abandonar lo antes posible.

Puedo lidiar con esta batalla perdida, siempre con la conciencia de que al menos en esta ocasión no recibí ningún daño considerable, solo trato de grabar en mi corazón errante y loco que tú no eres para mí y que la vida será mejor si me alejo para siempre de ti.

A final de cuentas el día de hoy inexorablemente morirá y sé perfectamente que mañana todo estará bien; sin ti.

                                                                                                            @Doctor_ Dark
                                                                                                           Septiembre 2019.




Amor-es.

Amor es la esperanza de una vida acompañado.

Amor es la mirada tierna, el deseo vehemente.

Amor es el cielo en la tierra.

Amor es la paz en medio de la guerra

Amor es poseerte con la lluvia como testigo.

Amor es soñarte, aferrado a tu cuerpo desnudo.

Amor es la incesante pasión que incinera las entrañas.

Amor es la calma efímera y el deseo eterno.

Amor es el infierno en la tierra.

Amor es la fotografía que miras todas las mañanas.

Amor es el recuerdo que lacera.

Amor es el corazón desgarrado.

Amor es la noche perpetua.

Amor es el incontenible llanto nocturno.

Amor es morir lento, mientras el recuerdo corteja a la añoranza.

Amor es aquella lágrima que viaja rauda por la mejilla y muere en el pecho.

Amor es la cicatriz que  dejó tu ausencia.

Amor es lidiar una guerra anhelando un poco de paz.

Amor es la esperanza moribunda.

Amor es nuestro primer recorrido hacía el adiós definitivo.

sábado, 23 de diciembre de 2017

UNA CARTA PARA CARLA.

DISCULPA LA TARDANZA DE ESTAS LÍNEAS, SÉ PERFECTAMENTE QUE HABÍA UNA PERSONA QUE AÚN NO CUMPLÍA CON SU PARTE DEL TRATO, Y ESE ERA YO.

ATRIBUYO LA POSTERGACIÓN DE ESTE PROYECTO, AL TRABAJO, Y A LA INFINIDAD DE ACTIVIDADES QUE EFECTUAMOS MECÁNICAMENTE Y QUE SIN DUDA NO NOS PERMITEN “VIVIR” Y DISFRUTAR EL TIEMPO CON LAS PERSONAS QUE QUEREMOS.

COMO ALGUNA VEZ TE MENCIONÉ, ESTAS PALABRAS SON PARA TI, ESPERO TE AGRADEN.

ME RESULTA INCREÍBLE RECORDAR LA FORMA EN LA QUE TE CONOCÍ, EN UN OCÉANO DE POSIBILIDADES, DENTRO DE UN UNIVERSO DE PERSONAS, ENTONCES, EL DESTINO PERMITIÓ QUE ENTRARAS EN MI VIDA.

HAS SIDO UNA DE LAS PERSONAS MÁS CORDIALES QUE HE CONOCIDO, ESA BELLA ACTITUD TE HIZO SOBRESALIR DURANTE MUCHO TIEMPO, INCLUSO ANTES DE SABER QUIÉN ERES EN REALIDAD.

NUNCA IMAGINÉ, COMO A PESAR DE LA DISTANCIA EXISTIERA UNA PERSONA QUE RESULTARÍA SER TAN ENTRAÑABLE Y QUERIDA PARA MÍ.

TOMA ESTAS LÍNEAS COMO UN SENTIDO AGRADECIMIENTO POR PERMITIRME CONOCER MUCHOS DE LOS PASAJES RELEVANTES DE TU VIDA. ¿SABES? PODRÍA CONTINUAR CON LA LISTA DE HALAGOS, NO OBSTANTE, QUIERO QUE TENGAS CONCIENCIA DE QUE AGRADEZCO AL DESTINO Y A LA VIDA CONTAR CON LA AMISTAD DE PERSONAS COMO TÚ.

EN OCASIONES HE ESTADO EN MEDIO DE UN MUNDO DE PERSONAS Y SIN EMBARGO LA SOLEDAD PERSISTE Y SE ARRAIGA EN MI SER. NO OBSTANTE, DESDE TU INCLUSIÓN EN MI EXISTENCIA, PUEDO ESTAR ALEJADO DE CUALQUIER MULTITUD Y A PESAR DE ELLO SENTIR TU ENCANTADORA PRESENCIA.

TAL VEZ SEA LA SABIDURÍA QUE ADQUIERES CON EL PASO DEL TIEMPO, CON LAS VIVENCIAS AMARGAS, CON LAS VIVENCIAS ALEGRES, ES PARA MÍ INEFABLE, LOS CIERTO ES QUE POSEES MAGIA, POR ELLO, TE AGRADEZCO ENORMEMENTE QUE LA COMPARTAS CONMIGO.

LAS PERSONAS QUE CAEN EN EL INFIERNO Y REGRESAN A CAMINAR ENTRE LOS VIVOS, VUELVEN CON LA SORPRENDENTE HABILIDAD DE IDENTIFICAR A AQUELLOS QUE TRANSITARON POR EL MISMO SENDERO DE DOLOR Y DESESPERANZA.

TE QUIERO BONITO Y GRATIS, NUNCA LO OLVIDES NEGRITA.
                                                                                                           
                                                                                                           @Doctor_Dark

  Diciembre de 2017  

domingo, 18 de octubre de 2015

EL BILLETE DE CIEN MIL PESOS (PARTE 3)

Al pasar frente a los vaguillos futboleros, lo hice con aire de satisfacción, mientras me aconsejaba: “creo que tendré que decirles la verdad;  bueno, cuando cumpla 18 años, ¡no! Mejor a los 20. ¡Tal vez no me crean, ¿y si se encabronan y me madrean?

¡Ni madres, mejor se los digo hasta que tenga 30 años".

Ya en la actualidad, con más de 30 años a cuestas, miro el rostro de mi hermana y noto sus ojos inusualmente abiertos al igual que su boca, no lograba entender la sorpresa, al volver en sí, solo dijo: “maldito, lo que pasó fue culpa tuya, todo el tiempo lo fue”. Si, le conteste, al mismo tiempo asenté con la cabeza.

¿Sabes? Continuó mi hermana, “solo porque yo en parte también viví ese problema, de lo contrario no te hubiese creído lo que me acabas de contar, me cuesta trabajo creer que desde esa edad ya tenías ideas bastante maquiavélicas”.

El miedo me hizo reaccionar, contesté y en seguida ella pregunta: ¿ellos lo saben? (refiriéndose a  nuestros padres).

No, contesté. Tú eres la primera en saber toda la verdad. ¡Vaya! (aduce con sorpresa), me cuesta trabajo creer lo que me contaste recién, pero ¿sabes? Me gustaría estar presente cuando les cuentes toda la verdad a nuestros padres. Así será concluí. 

Luego de quince días la reunión se concretó, mis padres, mi hermana y yo, al concluir la comida, mi hermana, impaciente como siempre inició. Les dijo a mis padres, que yo tenía una historia que no iban a creer, para darles una pista también les menciona que se trataba de cierto día en el que ellos habían ido a reclamar el cambio que no me habían dado de un billete de cien mil pesos.

Luego de su inoportuna intervención, mi hermana me cede la palabra, le contesté que había echado a perder mi relato y que por tal motivo tenía que continuar ella hasta el final. Retoma la plática mi hermana y les hace saber a mis padres que el cambio que a ellos les habían dado, nunca debieron dárselo ya que con anterioridad yo había perdido el billete de cien mil pesos.

Mi mamá voltea sorprendida, me mira fijamente y me pregunta: ¿es cierto eso? Si, le respondo y sonrío. “¡Pinche cínico!” me contesta y en seguida pregunta por lo que en realidad paso aquél día.

Mi hermana prosigue con la narración y mientras lo hace mi padre me mira con enojo y me refiere: “que poca madre tienes”. En otra oportunidad mi madre con gran sorpresa aduce: “¡no puedo creer que nos hayas manipulado de esa manera, maldito Maquiavelo!”

Cuando mi hermana concluye el relato, los mira a ambos y tanto mi papá como mi mamá, tenían la misma cara de sorpresa que días atrás tenía mi hermana.

Entonces mi madre pregunta a mi hermana: “¿desde cuándo sabías esto?” Ella responde: “escasos quince días, ¡este secretito tu hijo lo guardó por más de veinte años!”
Y la pregunta obligada la hizo mi mamá: “¿Cuándo nos pensabas decir la verdad?”

Enseguida le contesto, de hecho aquél día, cuando regresábamos a la casa pensaba: “creo que les contaré la verdad, cuando sea mayor de edad, a los dieciocho años, luego me dije, ¡no! Es muy pronto, tal vez a los veinte años y pensé, creo que aún podrían matarme, mejor a los treinta años, si, creo que para entonces no podrán hacerme gran daño”. Y bueno, agrego, la verdad no llegó justamente a mis treinta años, pero lo cierto es que al final, la verdad salió a la luz y eso es lo que verdaderamente importa.

Obviamente mi mamá al igual que todos en la mesa se preguntaba cómo había planeado todo aquello que hasta ese momento desconocían, sin duda les sorprendía, pues a esa edad, los niños no suelen hacer planes tan precisos y menos arriesgarse y a su vez arriesgar a los suyos a tanto, le comenté que me motivó el miedo a la tunda que me iban a dar por idiota y que básicamente la estructuración de mi cuartada fue durante el camino de regreso a casa, evidentemente después de haber perdido el billete y reclamarle mi cambio a la tendera.

Enseguida añade mi madre: “qué bueno que no confesaste tu verdad antes, creo que de todas formas te hubiera pegado”.

Si, algo así me sospechaba le contesté. Pero ¿sabes? Quiero que sepas que esa experiencia me ayudó, en primer lugar, a ser más cuidadoso, especialmente con el dinero, pero lo más importante y eso es lo mejor: logre percibir cuánto me quieren ustedes dos (refiriéndome a mis padres), no dimensioné los que ustedes son capaces de hacer por mí, eso me hizo valorar más el amor que me dan, sembraron la idea en mí de tratar de cuidarlos como ustedes me cuidaron y tratar de no volverlos a exponerlos como lo hice aquél día.

En ocasiones, el pesar, el dolor por imaginar que hubiese pasado si las cosas no saliesen como salieron, si hubiese llegado la policía, si mi mentira se hubiese descubierto, me azotaba la culpa, hubo ocasiones en las que me levantaba en medio de la noche, pues me había espantado la escena que vi momentos antes, mis padres eran llevados por los policías, los metían a una patrulla, yo lloraba desesperado mientras la tendera me decía: “¡te lo mereces niño, por mentiroso, ahora tus padres se van ir a la cárcel!”

Aquello era en verdad un gran tormento, creo que muy pronto supe saborear esas victorias que contrario a la mayoría de las ocasiones en vez de dulces, se tornan amargas, muy amargas.

El recuerdo de aquél día, cuando perdí los cien mil pesos, lo guardé en un rincón muy profundo en mi memoria, eventualmente el recuerdo no se borró, mejor dicho, yacía sepultado por otros recuerdos más gratos, no obstante, latía en mí, esa promesa que me hice: “La verdad tiene que emerger, tal vez no tan pronto como debería, pero algún día tendrá que salir a la luz”.

A poco más de 20 años, la verdad salió a la luz y eso es lo que importa  (mis padres seguían mirándome con atención), continué; siempre han sido un ejemplo a seguir y desde aquél día me propuse dirigirme con honestidad, con entereza, pero sobre todo, resolver mis problemas sin ponerlos a ustedes en riesgo. Sé que hice mal, pero lo que pasó el día que perdí el billete de cien mil pesos, me ayudó a vivir siempre con la honestidad como bandera, ante cualquier situación, por grave que esta sea la verdad ante todo.

Acepto que me equivoqué, es por eso que les pido una disculpa. Mi monólogo dejó a mis padres sin palabras, me hubiera quedado igual de estar yo en el lugar de cualquiera de ellos.

Así fue como cerré un capítulo en mi vida abierto por más de veinte años y en el cual, como debería ser en cualquier ámbito de  la vida, la VERDAD derrotó a la mentira.  


@Doctor_Dark

18/10/2015

domingo, 13 de septiembre de 2015

EL BILLETE DE CIEN MIL PESOS (PARTE: 2)

Volví a cambiar los envases llenos, por lo vacíos y regresé a casa; al pasar por donde estaban los pubertos jugando soccer, los miré un instante y notaba sus risitas burlonas de complicidad, ellos sabían algo. Algo que sin duda en ese momento descubría, ellos tenían el billete.

Los vagos juveniles, eran muchos, ¿exigirles de vuelta el dinero? ¡Que va! Se cagarían de la risa a mis costillas, además los hijos de puta me doblaban la edad y de estatura también (cabe señalar). En pocas palabras, esa idea era prácticamente suicidio, pero que más da, si no buscaba la muerte en ese momento, de todas maneras en mi casa me iban a matar.

Así, con actitud kamikaze, pero cabizbajo volví a mi hogar, ¡mierda! Me paralizaba el miedo, y la regañiza que me esperaba sería nada en comparación a la putiza que me acomodaría mi padre. Pero mi instinto de supervivencia se hiper desarrolló y apoyado de ciertas destrezas maquiavélicas, inusuales en individuos de mi edad, me salvarían de un modo dramático, ¡incluso artístico me atrevo a afirmar!

Llegué a casa y simplemente dije menos de la tercera parte de la verdad: “la vieja de la tienda no me quiso dar mi cambio”. Mi padre preguntaba por el billete, yo le contesté: “se lo di a esa pinche vieja y no me dio mi cambio”. Cabe señalar que pocas veces mencionaba alguna grosería frente a mis padres, pero mencionar aquél “pinche” denotaba indignación, que ciertamente tenía, pero no con la pobre tendera.

Mi padre montado en cólera decía: “¡hija de su puta madre, como es posible!”. Mi madre lo secundaba furiosa: “¡Pinche vieja encajosa, desgraciada!”

Había echado a andar la maquinaria, no había vuelta atrás, que sensación tan extraña aquella, miedo, incertidumbre, sorpresa, adrenalina, me llevaba de la mano mi madre, impaciente, a paso veloz, nos dirigíamos a la tienda.

Al pasar una vez más frente a los pubertos que jugaban fútbol, me dio mucha pena, mi madre me llevaba de la mano, mi padre delante de nosotros caminaba mas rápido, con la indignación a flor de piel, me sentía avergonzado, pues sabía que esa bola de pendejos tenía el billete, que estúpidamente tiré frente  a ellos; logré distinguir botellas de refresco y cervezas, hasta botana tenían los grandísimos hijos de perra, al pasar me miraron y esta vez con un aire de ironía, otros de plano no aguantaban la risita burlona, ¡idiotas!! Me decía, tal vez una idea como la que estoy poniendo en práctica, nunca se le ocurriría a esta bola de pendejos, (vaya consuelo el mío), aunque el paso del tiempo me dio la razón.         

Llegamos a la tienda y mi madre furiosa, le reclama a la tendera el por qué no me había devuelto mi cambio, obviamente la mujer decía la verdad, pues le contestó a mi madre que no me podía dar cambio pues yo ni si quiera le había pagado, entonces la mujer bajó la mirada buscándome la cara y me dijo: “tú sabes que no has pagado, no te puedo dar cambio de un billete que no me has dado”.

Con una falsa indignación solo le contesté: “yo te di un billete de cien mil pesos”.

Molesta y desesperada, y convencida por mi mala actuación, mi madre solo le dijo  a la tendera: “o me das mi cambio o aquí mismo me cobro a lo chino”.

La pobre mujer lucía confundida, por un lado ella sabía de mi mentira, por otro lado si  no resolvía ese “pequeño”  problema, este mutaría en un “gran desmadre”, ello porque mi padre, impaciente e iracundo le gritaba a la mujer: “bueno, ¿no me das mi cambio? Entonces me llevo esta madre", al tiempo que tomaba la rebanadora de embutidos, ya en su poder simplemente buscaba desconectarla de la corriente eléctrica.

La tendera me vuelve a mirar y con lágrimas en los ojos me implora: “Ya, di la verdad niño, tu sabes que no me diste ningún billete”. ¡Carajo! Afortunadamente mis padres estaban en lo suyo, estuve a punto de dar marcha atrás, lo pensé y de pronto mi instinto de conservación me dictó: “ya has ido demasiado lejos, no hay vuelta atrás, ahora las consecuencias se multiplicaban al doble”.

Logré soportar las súplicas de la tendera, en esos momentos recuerdo que el tiempo para mí se detuvo, miraba a mi madre que no paraba de discutir, mi padre que ya tenía en sus manos la rebanadora, fue algo muy extraño, tal vez era la sorpresa, el miedo, la duda que todo eso junto me paralizó, casi como si estuviese ebrio, pensaba que la tendera llamaría a la policía, estaba claro que mi padre iba a robar, mi mamá a punto de golpear a la mujer, definitivamente son demasiados sucesos que no puede procesar adecuadamente la mente de un niño.

De pronto, ¡la luz al final del túnel! La mujer, entre sollozos y enormes lágrimas, decía: “Está bien, les voy a dar el cambio”. Vaya, sin duda me sorprendí mucho y a la vez sentí mucho pesar por la tendera, evidentemente no era justo, pero como decían y siguen diciendo en el barrio: “Que lloren en su casa a que lloren en la mía…”

Ni modo en esta ocasión tendrán que llorar en la casa de la pobre tendera…   

@Doctor_Dark
13/Sep/2015

domingo, 5 de julio de 2015

EL BILLETE DE CIEN MIL PESOS (PARTE: 1).

Hace algunos meses platicaba con mi hermana, y hacíamos remembranza de algunas de nuestras travesuras de la infancia y situaciones extremadamente embarazosas, chuscas o dramáticas en las que por diversas situaciones las guardamos en secreto.

Inevitablemente llegamos al apartado de los “secretos inconfesables”, mi hermana o no tenía mucho que compartir o simplemente guardaría para sí aquellas anécdotas que solo ella sabe.

Invadido por la alegría que me había transmitido recordar viejos tiempos e impulsado por un entusiasmo inusitado, le comento a mi hermana que yo sí tenía un secreto inconfesable, tal, nunca ha salido a la luz, nadie en absoluto lo sabía, sólo yo, es más, ni si quiera los “otros protagonistas” sabían la verdadera historia.

Intrigada, e incluso algo molesta por la rimbombante presentación de una historia inédita y sin precedentes, mi hermana en un tono autoritario me exigió le desvelara mi secreto.

Nos ubicamos a finales de la década de los 80’s, no recuerdo la fecha exacta, tenía 8 o 9 años, iba en primaria, era un niño muy estudioso, me atrevo a decir que de excelencia, pero en fin, ese no es el tema a tratar. Era sábado y la hora de la comida se acercaba, en consecuencia, mi padre, tomando las previsiones necesarias me mandó en un tono dulce y cariñoso a comprar cervezas y refrescos, (lo del tono dulce fue sarcasmo, el cabrón de mi padre me mandó con su ya acostumbrado tono de ogro mal cogido).

En fin, en aquellos años el “pet” no figuraba como el material para fabricar botellas y llenarlas de cualquier tipo de líquido y comercializarlo, en esa época sólo existían estorbosas y pesadas botellas de vidrio, o como ciertas personas les llamaban, (pendejamente para mi gusto), “cascos”.

Debo resaltar que detestaba que se me mandara a comprar refresco y/o cerveza, no sólo por lo pesado que me resultaba cargar los envases, sino que además, mi madre acostumbraba adquirir bolsas tamaño “familiar” para comprar el recaudo, ¡verduras para todo el puto mes cabía en esas chingadas bolsas!

Bien, como mencioné, odiaba que se me mandara a comprar refrescos, pues tenía que usar esas putas bolsas gigantes que compraba mi madre, con los respectivos tres envases de cerveza o “caguma” y dos botellas grandes de refresco. Aunado a que para pagar me dieron un billete de 100 mil pesos, que, cabe destacar que ese era el billete que tenía la mayor denominación de aquél tiempo, lo cual significaba que había que cuidar el pinche papelito, como la vida misma.

El panorama no luce tan desalentador hasta en tanto no revele un “pequeño detalle”, en mi época de primaria, lucía como un duende; era muy chaparro, por aquellos días ese detalle no se había convertido, aún, en un complejo que me preocupara, no obstante, recuerdo que pujaba para cargar la maldita bolsa del “mandado” que lucía llena de botellas de vidrio vacías y que además, dicha bolsa no la podía levantar, más de 10 centímetros del suelo, (que postal tan graciosa).

Sin embargo, al recorrer el camino que me llevaría a la tienda, no me parecía tan gracioso el hecho de ir arrastrando mi carga como mula anciana, tan es así que profería una serie de insultos a la persona que eventualmente me metía en ese tipo de apuros, mi padre.

En una de las muchas paradas para descansar de mi gran misión, llegué a una cancha de fútbol improvisada, por algunos jóvenes del barrio, jugaban soccer en medio de la calle, esquivando autos y en ocasiones golpeando algunos parabrisas y las puertas de los vecinos.

Me miraban, lo noté, tal vez se compadecían de mi desgracia o tal vez al darles la espalda se burlaban, pues sin duda, ver pujar a un duende de Santa Claus para cargar una bolsa llena de envases les parecía muy divertido. Hoy en día lo recuerdo y me da risa imaginar cómo me veía en esos momentos, sudando la gota gorda, lo cierto es que ese tipo de actividades las padecía sobremanera.

Llegué a la tienda, saqué los envases vacíos de la bolsa, los cambié por envases llenos, con cerveza y refresco respectivamente y a la hora de pagar…

… ¡MIERDA, el dinero! ¡Puta madre, había desaparecido! Piensa, piensa, me decía, ¿Dónde habrá sido? ¡Claro! Cuando paré enfrente de los idiotas que  jugaban fútbol, ¡que pendejo soy! De inmediato mi instinto de supervivencia generaba una cuartada, no sabía si funcionaría, pero no iba a morir sin intentarlo.

La mujer que atendía esperaba que le pagara, sin embargo ya había visto mi reacción de pánico, ella sabía que no llevaba dinero, infructuoso y predecible fue mi intento desesperado al decirle que ya le había pagado, pues incluso hasta la exigí mi cambio, ella contestó: “no niño ¿cómo te voy a dar cambio? ¡Si ni si quiera me has pagado!”. Ahí estaba lo que necesitaba, una verdad; pues, el plan era, envolver con verdades una mentira monumental. ¡Carajo! Hablaba en mi mente, ojalá funcione…


@Doctor_Dark
06/07/2015

viernes, 24 de abril de 2015

Que hubiera pasado si… (4ª y última parte).

Al día siguiente, es decir domingo 11 de diciembre, llamé una vez más a casa de Azael, esta vez me contestó otro de sus muchos hermanos, solo que a este hermano yo le hablaba un poco mejor que al que me negó a Azael el día anterior; le hice saber que Bella era mi mejor amiga, y que Azael no tenía más derecho que yo por ser el novio de Bella, y que de no haber sido por mi intervención, Azael no hubiese conocido a Bella, creo que el muchacho escucho mi desesperación, le dije que sentía la imperiosa necesidad de darle el último adiós a mi amiga. Así es como el hermano de Azael, se compadeció y me comentó que a Bella la trasladarían a Puebla, ese día, que no sabía a qué hora (tal vez si lo sabía, lo cierto es que se llevaron a Bella ese domingo muy temprano) ello tal vez lo animo a contar lo que ya sabía, y otra vez, no pude hacer más. Por último y de manera casi infantil, el hermano de Azael me pidió que por favor no le comentara a su hermano, absolutamente nada de lo que habíamos platicado, le di mi palabra que eso no iba a suceder y terminamos la conversación.

Sinceramente seguía desconcertado con la actitud de mi amigo, a la vez seguía pensando acerca de mi proceder; tendría que esperar al menos un día más, no sabía cuándo regresaría Azael, fue entonces que decidí ir a su casa el día martes 13 de diciembre, posiblemente lo encontraría en casa, me arriesgue y así lo hice.

Cuando llamé a la puerta, el panorama era devastador, Azael abrió, le sorprendió mi visita, me abrazó y gritó: “mi chaparra, me la mataron”, platiqué horas con él, algo de lo que me sorprendió fue cuando me dijo: “¿Sabes? Yo sé que tú, no eres religioso, pero yo creo que Dios te mando hoy conmigo, debo de confesarte que tenía pensado hacer una pendejada, estoy orillado a hacerlo, quero estar con Bella, la necesito…” La actitud que a partir de esos momentos adoptó Azael, es digna de un relato aparte, inició erigiendo un “altar” a Bella donde le colocaba algunas cosas que a ella le gustaban, algunas veces le colocaba un platón con papas fritas, otras una taza grande con café, pero como mencioné, esas actitudes tan extrañas las describiré en otra ocasión.     

Aquél día y luego de una larguísima plática, Azael lucía un poco más tranquilo, me dijo que se tenía que preparar, que iría a casa de Bella a los rosarios, me preguntó si lo acompañaba y por supuesto que accedí (lo mencioné anteriormente, detesto este tipo de rituales, pero esta vez se trataba de mi amiga, sentía la necesidad de ir).
Cuando arribamos a casa de la familia de Bella, los rezos habían iniciado, era sorprendente la cantidad de personas que estaban en el lugar, al término del evento, fuimos donde estaba la mamá de Bella, me miró y con gesto duro y triste a la vez, mencionó: “pensé que no ibas a venir”, le contesté muy conmovido: “discúlpeme por no haber estado antes aquí, pero más vale tarde que nunca, usted sabe cuánto quería a Bella”.

Esa sensación de estar en la casa que hasta hace algunas horas habitaba Bella, es indescriptible, lograba sentir su presencia, eso hacía que el sentimiento de añoranza creciera, quería llorar, pero no pude, recordaba la última vez que la ví, platicamos poco, pero siempre con el mismo gusto que nos daba vernos, me sentía culpable y como relámpago vino el pensamiento del gran dolor que sentía y me traslade a lo que pudiese sentir Azael en ese momento, me sentí mal por mi amigo, se veía devastado y para ser sincero se encontraba peor de lo que aparentaba, la culpa y el remordimiento lo comían, desde que se enteró de la muerte de Bella, al día de hoy me atrevo a aseverar.

Seguí acompañando a Azael, a los rezos durante los días restantes hasta que se cumplieron los famosos “nueve días”. La tranquilidad y la resignación calmaron mi interior, era eso por lo que necesitaba estar cerca de aquello que en vida rodeó a Bella, su familia, su casa, eso me ayudó mucho, veía el efecto contrario en Azael, no quería comer y repentinamente externaba sus deseos de morir, para poder reunirse con Bella.

Al cumplirse los nueve días de la muerte de Bella, fuimos a Puebla y allí tuve la oportunidad de disculparme con mi amiga, con un nudo en la garganta e hincado ante su tumba, le hice saber el pesar que albergaba en mi ser por su partida, que sentía enojo, frustración y una tristeza muy profunda por todo eso que se pudo hacer en su momento, pero que desgraciadamente no se hizo.

Que destino tan cruel el de Bella al irse así, peor aún, al recordar el hecho de que tuve la oportunidad de cambiar su destino y esa oportunidad se me escapó de entre las manos. Sin duda, aquél viernes afuera de los juzgados cuando Azael hablaba con Bella, y se negaba ir por esta, fue un parteaguas en la vida de Azael, en principio por que él se sentía directamente responsable por la partida de Bella y posteriormente, porque inició con una adoración exagerada a Bella, creo que ese amor que hoy le profesaba a una foto gigante de mi amiga, hubiese sido mejor que se lo brindara cuando ella aún vivía.

Aquellos días que pasé con Azael posteriores a la muerte de Bella, me hicieron pensar que le ayudarían y que a la vez, se fortalecería nuestra amistad, nada de eso ocurrió, al contrario, analizaba como desde el primer momento en el que Azael tuvo relación con Bella, yo aparecía en esos momentos: el día en el que ella falleció allí estaba yo pidiéndole a mi amigo que fuéramos por su novia, en casa de Bella al recordarla, sus sobrinos y cuñadas, no sólo hacían referencia a Azael, pues desde un principio, Bella les platicaba, también de “un amigo” que los presentó e hizo posible que ella conociera a Azael, claro se refería a mí. Todos esos recuerdos asaltaban a Azael y poco a poco notaba su enojo por ello, después de los nueve días y de nuestra visita a Puebla, tratamos de retomar nuestro trabajo, Azael estaba muy ausente y eso sin duda no favorecía en nada, no lo presioné y decidí trabajar por dos, me preocupaba mucho mi amigo, comenzó a fumar el doble de lo que acostumbraba, y su pérdida de peso se hizo más que evidente.

Azael trabajaba conmigo, pero también, cuando las cosas en nuestra sociedad no iban bien, él  trabajaba con George, así tendría ingresos monetarios por ambos lados, noté que pasaba más tiempo con los pasantes de George, que por lo tanto también estaban a la orden de Azael, ya los mencioné, eran Reptilio y Mandrilio.

En principio creía, era buena idea que Azael se mantuviera ocupado, era necesario, estaba muy vulnerable, pero sin duda como mencioné, los recuerdos en los que no podía excluir mi persona,  y ahora la entrada en escena de Reptilio y Mandrilio brindando su apoyo al que hasta ese entonces era mi amigo; dieron pie a una eventual ruptura, no sólo a nivel personal, también a nivel profesional, gran parte de lo que pasó lo describí en otro relato cuando hablé de la “Fragilidad de la Amistad”, allí aunque sin mencionar sus nombres me refería a Azael a Reptilio y Mandrilio.

Mi teoría, poco a poco se iba revelando como cierta, algunos meses después de la partida de Bella, veía con agrado una mejoría en el ánimo de Azael, y en esa ocasión Reptilio me pregunto que si yo conocí a la novia de este, sólo le contesté que sí y que era mi amiga, entonces Reptilio abunda: “¿Recuerdas el día de la fiesta del sindicato? Contesté afirmativamente, inmediatamente Reptilio añade: “La madrugada del sábado después de la fiesta ¿recuerdas que fuimos a Neza?, pues Azael nos contó que a su novia la mataron a unas cuantas cuadras de donde nosotros estábamos ese día, ¿tu recuerdas haber visto algo extraño? Me quedé petrificado, casi no me importó el hecho de que Azael no compartiera ese dato conmigo, lo que me puso así fue que si recordaba el paso de unas patrullas y ambulancias cuando Reptilio se puso de necio afuera del bar, fue minutos después de que mataran a Bella.

Vino a mi ese recuerdo con la velocidad de una bala, incluso sentí ese escalofrío, era una señal, esas ambulancias acudían en auxilio de mi amiga, estábamos muy cerca y a la vez tan lejanos, que impresión tan grande me llevé con la revelación de Reptilio y además, sin duda alguna estaba en lo cierto, Azael ponía distancia de por medio, le incomodaba mi presencia, la amistad, aginizaba.

En los últimos días he recordado mucho a mi amiga, según se dice “el destino lo tenemos en nuestras propias manos”, estuve alguna vez de acuerdo con esa idea, no obstante al partir Bella, me di cuenta que eso es completamente falso, el destino de mi amiga estaba escrito, la posibilidad de salvarle la vida se me escapó de las manos, esa misma posibilidad se encontraba en manos de Azael aunque contrario a mí el simplemente no quiso tomarla. Sé muy bien que hay personas que pueden estar en desacuerdo, pero lo que yo viví es la mejor prueba de que el destino es inmutable, como sea, Bella se fue y con ella una parte de mi corazón y por qué no decirlo, una parte de mi alegría.

Es por ello que odio el “hubiera”, porque no existe, porque nos invita a fantasear: que hubiera pasado si Azael accediera a hacerme caso para ir por Bella…

Que hubiera pasado si me aferro y obligo a Azael a ir por Bella, ¡qué más da! como dije son sólo suposiciones estúpidas y fantasiosas, el maldito destino ya está escrito y ¡ni el “hubiera” ni soñar, le devolverá la vida a Bella!

La resignación me ha llegado a cuentagotas, trato de vivir y recordarla como ella era, alegre, un encanto de mujer, espero poder verte en otro tiempo “flaquita” te extraño un chingo y sé  que lo sabes.   


@Doctor_Dark  
24/04/2015