La verdad es que desde hace
varios años te volviste una obsesión para mí, muchas veces te miraba como si la
oportunidad para estar al menos un momento a solas contigo jamás se
presentaría, y tuvieron que pasar muchos más años para volverte a ver y esa
esperanza que parecía una llama mortecina volvió a arder con ímpetu.
Estas líneas, como mis
sentimientos hacia ti, no tienen orden, ni interpretación consumada, solo
quiero olvidar, olvidar tu bella mirada, tu cuerpo, tu escultural figura, tus
labios de un rojo tenue que enmarcan una inefable sonrisa.
Es claro, ya no soy aquel
impetuoso joven universitario que solía ser cuando te miré por primera vez, ya
hace varios ayeres la timidez abandonó mis actos, pero claramente también tú
cambiaste, y hoy te presentas como el acertijo más complejo que alguien pueda
resolver, no importa si son diez quince o veinte años, detesto esa sensación,
tantos años y sigo sin descifrarte, aunado a tu carácter tan cambiante todo se
resume a fingir que te conocí el fin de semana pasado.
Tengo tantas ganas de ti, me
siento tan bien a tu lado, disfruto cada segundo de tu compañía, respiro el
dulce aroma de tu ser, deseando convertir cada momento en una eterno nosotros,
y sin embargo es la vida misma la que me aleja de ti, perdí mi última gran
lucha en el amor, y las batallas subsecuentes han sido derrotas menores; a
nadie le gusta perder, al menos yo
siempre juego para ganar, y después de esta etapa tan difícil te encontré.
Que ganas de contarte todas mis
amargas experiencias, pero aquella guerra al culminar, también mató algo dentro de mí.
Representas una época tan bella en mi vida que me gustaría recordarla a tu
lado, pero ese es precisamente mi miedo, mostrarme vulnerable ante alguien,
otra vez, mostrar eso poco que aún me queda y que tal vez lo juzgues insuficiente,
no me sorprendería, he vuelto con cicatrices horribles, nadie vuelve del
infierno sin al menos una marca de aquel viaje maldito.
Volví más fuerte, pero cansado de
tanta derrota, volví más frío, pero con el corazón incendiado, volví más osado,
pero con miedo a enfrentar más desgracias, como las que golpearon mi pasado.
Te preguntarás si es miedo, con
valor acepto que sí, es miedo, vaya, porque no decirlo también, a estas alturas
me atrae tanto tu cuerpo como tu alma, como tus labios, tus besos, tus abrazos,
quiero lo primero, quiero lo segundo, no me conformo y quiero todo en conjunto,
y de pronto enfrento tu frialdad, tu lejanía y desinterés. Y vuelvo a solo
desear lo primero.
¿Que soy un maldito superficial? ¿Que
solo pienso en sexo? ¿Que solo pienso en aquella parte de tu cuerpo que me
enloquece? ¿Que por ello soy capaz de las locuras más grandes? Sí, no lo puedo
evitar y esa es una de las partes que no te puedo explicar, que tomes de mí lo
que quieras y si lo deseas puedes irte y no volver nunca, y de pronto tu
inexplicable interés, tus sutiles, pero significativos detalles, tu memoria
selectiva, tus caricias a mi alma oscura, y vuelvo a pensar que eres la
correcta, vuelvo a desear todo y no solo tu cuerpo que me enloquece.
¿Y qué putas voy a hacer mañana
cuando tu cuerpo se aleje de mí sin previo aviso? ¿Cuándo el interés se esfume
y vuelva al punto inicial? Ese es el miedo que infundes en mí, ese es el grito
que clama por abandonar mi cuerpo y de pronto se ahoga en una esperanza efímera
como el suspiro de un enamorado.
Ya bastante he sufrido y no
quiero sentirme herido una vez más, tengo las cicatrices más horribles que
jamás has imaginado, y sin embargo no las muestro porque lo mío no es causar
lástima, jamás he rogado por piedad y nunca buscaría que me compadezcas, para
mi mala fortuna es todo esto, lo que no me permite avanzar, y que me impide
mirarte a los ojos y pedirte la oportunidad para entrar en tu corazón. Vaya
maldito dilema en el que me ahogo.
Sí, me gustaría tomar tu mano y caminar
contigo el tiempo que nos reste de vida, pero tal vez eso te asuste y no quiero
que eso ocurra, pero que importa si solo me permites poseer tu esencia, tu
aliento, tu suspiros agitados, tus besos apasionados, tu piel desnuda, tal vez
eso logre apagar el fuego que arde dentro de mí a causa tuya, y al final pienso
que eso también podría asustarte, incluso ofenderte, nada más jodido que
apostar el resto que a uno le queda, aunque sea poco y que a los ojos tuyos esa
totalidad represente la más asquerosa de las mezquindades.
Veo con tristeza que miras mis
manos vacías, porque nada poseo que valga montones de billetes, pero sí puedo
ofrecer un corazón que clama por entregar el más puro de los sentimientos.
Ella, mi compañera “más leal” ha
logrado permanecer y hacerse presente a lo largo de los años y a pesar de ello
es celosa y reclama mi presencia, esa dama
exigente es mi soledad y solo me ha permitido impregnar en el papel estas
letras llenas de mí, no hay un receptor humano para este monólogo, es más, no
creo que estas letras a ti dedicadas, indescifrable mujer lleguen a postrarse
frente tus ojos, porque simplemente, es un paliativo para este sentimiento que
invade mi ser y pugna por ser liberado, pero la razón, es tratar de olvidarte y
olvidar aquello que en mí provocas.
Es cierto, lo repito, tu
personalidad tan veleidosa me confunde, me crea esperanzas que después mueren
del modo más atroz, hoy solo deseo
caminar, lejos, hacia el horizonte de la mano de mi compañera “más leal”, alejarme
de tu tentador encanto, porque sé que nunca existirá un nosotros, la vida me ha
enseñado a no crear apegos y la esperanza de estar cerca de ti, es un apego que
pienso abandonar lo antes posible.
Puedo lidiar con esta batalla
perdida, siempre con la conciencia de que al menos en esta ocasión no recibí
ningún daño considerable, solo trato de grabar en mi corazón errante y loco que
tú no eres para mí y que la vida será mejor si me alejo para siempre de ti.
A final de cuentas el día de hoy inexorablemente morirá y sé perfectamente que mañana todo estará bien; sin ti.
@Doctor_ Dark
Septiembre 2019.
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