Al día siguiente, es decir domingo 11 de diciembre, llamé una
vez más a casa de Azael, esta vez me contestó otro de sus muchos hermanos, solo
que a este hermano yo le hablaba un poco mejor que al que me negó a Azael el
día anterior; le hice saber que Bella era mi mejor amiga, y que Azael no tenía
más derecho que yo por ser el novio de Bella, y que de no haber sido por mi
intervención, Azael no hubiese conocido a Bella, creo que el muchacho escucho
mi desesperación, le dije que sentía la imperiosa necesidad de darle el último
adiós a mi amiga. Así es como el hermano de Azael, se compadeció y me comentó
que a Bella la trasladarían a Puebla, ese día, que no sabía a qué hora (tal vez
si lo sabía, lo cierto es que se llevaron a Bella ese domingo muy temprano)
ello tal vez lo animo a contar lo que ya sabía, y otra vez, no pude hacer más.
Por último y de manera casi infantil, el hermano de Azael me pidió que por
favor no le comentara a su hermano, absolutamente nada de lo que habíamos
platicado, le di mi palabra que eso no iba a suceder y terminamos la
conversación.
Sinceramente seguía desconcertado con la actitud de mi amigo,
a la vez seguía pensando acerca de mi proceder; tendría que esperar al menos un
día más, no sabía cuándo regresaría Azael, fue entonces que decidí ir a su casa
el día martes 13 de diciembre, posiblemente lo encontraría en casa, me
arriesgue y así lo hice.
Cuando llamé a la puerta, el panorama era devastador, Azael
abrió, le sorprendió mi visita, me abrazó y gritó: “mi chaparra, me la mataron”,
platiqué horas con él, algo de lo que me sorprendió fue cuando me dijo:
“¿Sabes? Yo sé que tú, no eres religioso, pero yo creo que Dios te mando hoy
conmigo, debo de confesarte que tenía pensado hacer una pendejada, estoy
orillado a hacerlo, quero estar con Bella, la necesito…” La actitud que a
partir de esos momentos adoptó Azael, es digna de un relato aparte, inició
erigiendo un “altar” a Bella donde le colocaba algunas cosas que a ella le
gustaban, algunas veces le colocaba un platón con papas fritas, otras una taza
grande con café, pero como mencioné, esas actitudes tan extrañas las describiré
en otra ocasión.
Aquél día y luego de una larguísima plática, Azael lucía un
poco más tranquilo, me dijo que se tenía que preparar, que iría a casa de Bella
a los rosarios, me preguntó si lo acompañaba y por supuesto que accedí (lo
mencioné anteriormente, detesto este tipo de rituales, pero esta vez se trataba
de mi amiga, sentía la necesidad de ir).
Cuando arribamos a casa de la familia de Bella, los rezos
habían iniciado, era sorprendente la cantidad de personas que estaban en el
lugar, al término del evento, fuimos donde estaba la mamá de Bella, me miró y
con gesto duro y triste a la vez, mencionó: “pensé que no ibas a venir”, le
contesté muy conmovido: “discúlpeme por no haber estado antes aquí, pero más
vale tarde que nunca, usted sabe cuánto quería a Bella”.
Esa sensación de estar en la casa que hasta hace algunas horas
habitaba Bella, es indescriptible, lograba sentir su presencia, eso hacía que
el sentimiento de añoranza creciera, quería llorar, pero no pude, recordaba la
última vez que la ví, platicamos poco, pero siempre con el mismo gusto que nos
daba vernos, me sentía culpable y como relámpago vino el pensamiento del gran
dolor que sentía y me traslade a lo que pudiese sentir Azael en ese momento, me
sentí mal por mi amigo, se veía devastado y para ser sincero se encontraba peor
de lo que aparentaba, la culpa y el remordimiento lo comían, desde que se
enteró de la muerte de Bella, al día de hoy me atrevo a aseverar.
Seguí acompañando a Azael, a los rezos durante los días
restantes hasta que se cumplieron los famosos “nueve días”. La tranquilidad y
la resignación calmaron mi interior, era eso por lo que necesitaba estar cerca
de aquello que en vida rodeó a Bella, su familia, su casa, eso me ayudó mucho,
veía el efecto contrario en Azael, no quería comer y repentinamente externaba
sus deseos de morir, para poder reunirse con Bella.
Al cumplirse los nueve días de la muerte de Bella, fuimos a
Puebla y allí tuve la oportunidad de disculparme con mi amiga, con un nudo en
la garganta e hincado ante su tumba, le hice saber el pesar que albergaba en mi
ser por su partida, que sentía enojo, frustración y una tristeza muy profunda
por todo eso que se pudo hacer en su momento, pero que desgraciadamente no se
hizo.
Que destino tan cruel el de Bella al irse así, peor aún, al
recordar el hecho de que tuve la oportunidad de cambiar su destino y esa
oportunidad se me escapó de entre las manos. Sin duda, aquél viernes afuera de
los juzgados cuando Azael hablaba con Bella, y se negaba ir por esta, fue un
parteaguas en la vida de Azael, en principio por que él se sentía directamente
responsable por la partida de Bella y posteriormente, porque inició con una
adoración exagerada a Bella, creo que ese amor que hoy le profesaba a una foto
gigante de mi amiga, hubiese sido mejor que se lo brindara cuando ella aún
vivía.
Aquellos días que pasé con Azael posteriores a la muerte de
Bella, me hicieron pensar que le ayudarían y que a la vez, se fortalecería
nuestra amistad, nada de eso ocurrió, al contrario, analizaba como desde el
primer momento en el que Azael tuvo relación con Bella, yo aparecía en esos
momentos: el día en el que ella falleció allí estaba yo pidiéndole a mi amigo
que fuéramos por su novia, en casa de Bella al recordarla, sus sobrinos y
cuñadas, no sólo hacían referencia a Azael, pues desde un principio, Bella les
platicaba, también de “un amigo” que los presentó e hizo posible que ella
conociera a Azael, claro se refería a mí. Todos esos recuerdos asaltaban a
Azael y poco a poco notaba su enojo por ello, después de los nueve días y de
nuestra visita a Puebla, tratamos de retomar nuestro trabajo, Azael estaba muy
ausente y eso sin duda no favorecía en nada, no lo presioné y decidí trabajar
por dos, me preocupaba mucho mi amigo, comenzó a fumar el doble de lo que
acostumbraba, y su pérdida de peso se hizo más que evidente.
Azael trabajaba conmigo, pero también, cuando las cosas en
nuestra sociedad no iban bien, él
trabajaba con George, así tendría ingresos monetarios por ambos lados,
noté que pasaba más tiempo con los pasantes de George, que por lo tanto también
estaban a la orden de Azael, ya los mencioné, eran Reptilio y Mandrilio.
En principio creía, era buena idea que Azael se mantuviera
ocupado, era necesario, estaba muy vulnerable, pero sin duda como mencioné, los
recuerdos en los que no podía excluir mi persona, y ahora la entrada en escena de Reptilio y
Mandrilio brindando su apoyo al que hasta ese entonces era mi amigo; dieron pie
a una eventual ruptura, no sólo a nivel personal, también a nivel profesional,
gran parte de lo que pasó lo describí en otro relato cuando hablé de la
“Fragilidad de la Amistad”, allí aunque sin mencionar sus nombres me refería a
Azael a Reptilio y Mandrilio.
Mi teoría, poco a poco se iba revelando como cierta, algunos
meses después de la partida de Bella, veía con agrado una mejoría en el ánimo
de Azael, y en esa ocasión Reptilio me pregunto que si yo conocí a la novia de
este, sólo le contesté que sí y que era mi amiga, entonces Reptilio abunda:
“¿Recuerdas el día de la fiesta del sindicato? Contesté afirmativamente,
inmediatamente Reptilio añade: “La madrugada del sábado después de la fiesta
¿recuerdas que fuimos a Neza?, pues Azael nos contó que a su novia la mataron a
unas cuantas cuadras de donde nosotros estábamos ese día, ¿tu recuerdas haber
visto algo extraño? Me quedé petrificado, casi no me importó el hecho de que
Azael no compartiera ese dato conmigo, lo que me puso así fue que si recordaba
el paso de unas patrullas y ambulancias cuando Reptilio se puso de necio afuera
del bar, fue minutos después de que mataran a Bella.
Vino a mi ese recuerdo con la velocidad de una bala, incluso
sentí ese escalofrío, era una señal, esas ambulancias acudían en auxilio de mi
amiga, estábamos muy cerca y a la vez tan lejanos, que impresión tan grande me
llevé con la revelación de Reptilio y además, sin duda alguna estaba en lo
cierto, Azael ponía distancia de por medio, le incomodaba mi presencia, la
amistad, aginizaba.
En los últimos días he recordado mucho a mi amiga, según se
dice “el destino lo tenemos en nuestras propias manos”, estuve alguna vez de acuerdo
con esa idea, no obstante al partir Bella, me di cuenta que eso es
completamente falso, el destino de mi amiga estaba escrito, la posibilidad de
salvarle la vida se me escapó de las manos, esa misma posibilidad se encontraba
en manos de Azael aunque contrario a mí el simplemente no quiso tomarla. Sé muy
bien que hay personas que pueden estar en desacuerdo, pero lo que yo viví es la
mejor prueba de que el destino es inmutable, como sea, Bella se fue y con ella
una parte de mi corazón y por qué no decirlo, una parte de mi alegría.
Es por ello que odio el “hubiera”, porque no existe, porque nos
invita a fantasear: que hubiera pasado si Azael accediera a hacerme caso para
ir por Bella…
Que hubiera pasado si me aferro y obligo a Azael a ir por
Bella, ¡qué más da! como dije son sólo suposiciones estúpidas y fantasiosas, el
maldito destino ya está escrito y ¡ni el “hubiera” ni soñar, le devolverá la
vida a Bella!
La resignación me ha llegado a cuentagotas, trato de vivir y
recordarla como ella era, alegre, un encanto de mujer, espero poder verte en
otro tiempo “flaquita” te extraño un chingo y sé que lo sabes.
@Doctor_Dark
24/04/2015
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